Lamento por las chicas alegres


Lamento por las chicas alegres

1
Aunque se les suele llamar
“chicas alegres”, no creáis
que están todo el día de guasa,
¡palabra!, ¡palabra!,
que están todo el día de guasa.
2
Como ellas se ofrecen de pie
o bien desgastando el pavés,
la pantorrilla se les cansa,
¡palabra!, ¡palabra!,
la pantorrilla se les cansa.
3
Los callos las hacen sufrir
y es un suplicio andar así,
con esos tacones que gastan,
¡palabra!, ¡palabra!,
con esos tacones que gastan.
4
Hay ciertos clientes que jamás
se dan un agua, huelen mal;

y deben besarlos con ganas,
¡palabra!, ¡palabra!,
y deben besarlos con ganas.
5
Y luego hay que sobarlos bien
para hacer que prueben la miel.
El sueldo, bien que se lo ganan,
¡palabra!, ¡palabra!,
el sueldo, bien que se lo ganan.
6
Se las insulta sin piedad,
sufren maltrato y, además,
se exponen a cientos de plagas,
¡palabra!, ¡palabra!,
se exponen a cientos de plagas.
7
Aunque se dejan pretender
y son maestras del querer,
lo cierto es que nunca se casan,
¡palabra!, ¡palabra!,
lo cierto es que nunca se casan.

8
Hijo de pécora y gilí,
no digas mal de la infeliz,
de la pobre vieja fulana,
¡palabra!, ¡palabra!,
de la pobre vieja fulana.
9
Poco faltó, necio gandul,
para que fueses hijo tú
de la puta que te hace gracia,
¡palabra!, ¡palabra!,
de la puta que te hace gracia.

Joan ColomBarrio Chino de Barcelona, años 50

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