*Morir por las ideas 2


Morir por las ideas

1
Morir por las ideas, la idea es excelente,
casi pierdo la vida por no haberla tenido,
porque sus partidarios, tropel exasperante,
invocando a la muerte, la tomaron conmigo.
Mi musa impertinente ha vuelto ya al rebaño,
abjurando el error, se ha rendido a su fe
con una salvedad en todo caso: que
morir por las ideas, sí, pero despacio,
pero despacio.
2
Sabiendo que no hay peligro en el retraso,
vayamos a la muerte holgando en el camino,
no vaya a ser que un día, con las prisas, muramos
por una mala idea de escaso recorrido.
Y es que no hay nada más desolador, amargo,
al dar el alma a Dios que cuando constatamos
qué errados anduvimos, que en la idea marramos,
morir por las ideas, sí, pero despacio,
pero despacio.

3
San Juanes ‘Picos de oro’ predican el martirio,
pero frecuentemente demoran la partida.
Morir por las ideas, es hora de decirlo,
es lo que les confiere un mérito añadido.
Viendo cómo superan, en multitud de campos,
al buen Matusalén en la longevidad,
es fácil suponer que, aparte, se dirán:
“morir por las ideas, sí, pero despacio,
pero despacio”.
4
A poco que una idea exija sacrificios,
las sectas más diversas brindan a sus secuaces;
no es raro ver que duden los mártires novicios:
morir por las ideas, muy bien, pero ¿por cuáles?
Y como todas ellas se acaban semejando,
cuando las ve venir detrás de su bandera,
sentado ante la tumba el más sabio recela:
morir por las ideas, sí, pero despacio,
pero despacio.

5
Si al menos nos bastasen algunas hecatombes
Para cambiar el mundo y poderlo arreglar.
Tras tanta degollina, tantas inmolaciones,
el paraíso en tierra tendríamos que alcanzar.
Pero la edad dorada duerme en el calendario,
los dioses tienen sed, nunca tienen bastante,
y otra vez es la muerte, severa y apremiante…
Morir por las ideas, sí, pero despacio,
pero despacio.
6
Vosotros, los apóstoles, vosotros, los facciosos,
moríos los primeros, con gusto os cedo el paso.
Pero ¡dejad que vivan, por caridad, los otros!,
que no tienen más lujo que la vida aquí abajo.
La muerte, vigilante, hace bien su trabajo,
no hace falta que nadie le preste la hoz.
¡No más danzas macabras tras cada ejecución!
Morir por las ideas, sí, pero despacio,
pero despacio.