La ronda de los cementerios (La ballade des cimetières)


1
“Poseo tumbas en abundancia,
sepulturas a discreción;
cualquier necrópolis de importancia
tiene a mi nombre un panteón.
Poseo en todos los cementerios,
con alguien siempre en su interior,
ya un simple nicho ya un mausoleo,
pero me aflige una excepción…

Pues no dispongo de un cadáver,
y es una pena, la verdad,
acomodado en Montparnasse,
a cuatro pasos de mi hogar.
(bis)

2
Tengo sepulcros en Pere-Lachaise,
en Bagneux, en Thiais o Pantin,
e incluso alguno, no os disgustéis,
en cementerios junto al mar.
Tumbas rurales, tumbas urbanas,
donde haya tierra para cavar.
Hasta una cripta tengo en España,
flamante, digna de envidiar.

Pero no existe ni un indicio
de tumba de mi propiedad
en Montparnasse, donde vivo,
a cuatro pasos de mi hogar.
(bis)

3
Del panteón al mausoleo,
por Todos-Santos, aquí y allá,
de cementerio en cementerio
me podréis ver deambular.
Entre coronas, entre las flores,
me avistaréis en Champerret.
Luego, si vais al de Charonne,
Se me verá bajo un ciprés…

Pero no habrá nadie capaz de
decir: “yo ayer lo vi pasar
por un sendero en Montparnasse,
a cuatro pasos de su hogar.”
(bis)

4
Ante el castillo de mi tía-abuela,
la marquesa de Carabás,
la parentela, lánguida, espera:
¿si morirá o no morirá?
Unos querrán joyas o muebles,
bosques o tierras para sembrar.
Otros suspiran por sus inmuebles,
cuadros, tapices o el ajuar…

Pero a mí solo me complace
que me la traigan a enterrar
en una fosa en Montparnasse,
a cuatro pasos de mi hogar.”
(bis)

5
Cantaba así, la muerte en el alma,
un hombre joven de buen pasar,
dispuesto a reanimar la llama
de la memoria familiar.
El cielo, entonces, un poco harto
de tanta tumba, tanto cantar,
le dio a la Muerte el triste encargo
de facturarla al Más Allá…

Pero el sepulturero, un cafre
que era de Chartres, error fatal,
llevó sus huesos a Montmartre,
que queda un poco más allá.
(bis)

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